viernes, 24 de enero de 2020

23 de Enero


Por José Dionisio Solórzano

Opinión-.  Era la madrugada del 23 de enero de 1958 la radio anunciaba que el “Dictador acaba de huir a bordo del avión presidencial, La Vaca Sagrada”, hacía pocas horas los locutores hablaban del “ciudadano presidente” y elogiaban al mandatario nacional, ya en aquella hora el cambio político se sentía primero en los medios de comunicación, antes que en ninguna otra parte.

Aquel golpe de Estado era la etapa final de un proceso de descomposición en la estructura del gobierno del General Marcos Pérez Jiménez, quien “para no derramar más sangre” decidió tomar sus maletas rumbo al exilio en República Dominicana.

Todo inició un primero de enero de 1958, cuando se produjo el primer intento de rebelión militar en contra del General Pérez Jiménez. La asonada estuvo comandada por el coronel Hugo Trejo quien contó con la participación de un buen número de oficiales de la guarnición de Caracas y de Maracay, esencialmente de la Fuerza Aérea.

Aquel intento de Golpe de Estado fracasaría, y sus principales dirigentes fueron detenidos por el gobierno de la nación. No obstante, este sería un punto de inflexión.

La percepción del apoyo monolítico del sector militar al gobierno se desmoronaría por completo. Lo que daría pie a nuevo brotes de descontento dentro y fuera de la institución castrense.

Los ruidos dentro de la Fuerza Armada y de la sociedad fueron cada vez mayores. Las política de ordenamiento interno se fueron acrecentando, las cárceles se abarrotaron de presos políticos y la anarquía se apoderó del movimiento estudiantil, quien tomó posición beligerante en contra del sistema de gobierno.

Intelectuales, médicos, abogados, profesores universitarios, ingenieros suscriben manifiestos de denuncia contra del Gobierno. Todo esto fue haciendo más mella en la relación Fuerzas Armadas con Miraflores.

El 13 de enero, el presidente-general convocó a su despacho al general Rómulo Fernández, Ministro de la Defensa, quien hacía unos días había presentado en nombre del Alto Mando Militar, un pliego a Pérez Jiménez en el que se solicitaba la renuncia de Laureano Vallenilla, ministro del Interior, y de Pedro Estrada, director de la Seguridad Nacional.

Pérez aceptó las estipulaciones del pliego. Destituyó a Vallenilla, sacó a Estrada del país y formó un gabinete integrado por oficiales de las Fuerzas Armadas.

Alrededor del 15 de enero la Junta Patriótica, ente aglutinador de la oposición, llamó a la huelga general para el día 21 de ese mes.

Dicho día comienza la huelga de prensa y horas después de ésta, la huelga general convocada por la Junta Patriótica. El paro se cumplió a cabalidad y en muchos sitios de Caracas se produjeron enfrentamientos con las fuerzas del gobierno.

Para el 22 se reúnen altos jefes militares en la Academia Militar para considerar la situación. Sus deliberaciones concluyen formando una Junta Militar de Gobierno que pide la renuncia a Pérez Jiménez.

En horas de la noche de ese 22 de Enero la Marina de Guerra y la Guarnición de Caracas se pronunciaron contra Pérez Jiménez, y éste privado de todo apoyo en las Fuerzas Armadas, huyó en la madrugada del 23 de enero.