Por José Dionisio Solórzano
Opinión-. Era la madrugada del 23 de enero de 1958 la
radio anunciaba que el “Dictador acaba de huir a bordo del avión presidencial,
La Vaca Sagrada”, hacía pocas horas los locutores hablaban del “ciudadano
presidente” y elogiaban al mandatario nacional, ya en aquella hora el cambio político
se sentía primero en los medios de comunicación, antes que en ninguna otra
parte.
Aquel golpe de Estado era la
etapa final de un proceso de descomposición en la estructura del gobierno del
General Marcos Pérez Jiménez, quien “para no derramar más sangre” decidió tomar
sus maletas rumbo al exilio en República Dominicana.
Todo inició un primero de enero
de 1958, cuando se produjo el primer intento de rebelión militar en contra del
General Pérez Jiménez. La asonada estuvo comandada por el coronel Hugo Trejo quien
contó con la participación de un buen número de oficiales de la guarnición de
Caracas y de Maracay, esencialmente de la Fuerza Aérea.
Aquel intento de Golpe de Estado
fracasaría, y sus principales dirigentes fueron detenidos por el gobierno de la
nación. No obstante, este sería un punto de inflexión.
La percepción del apoyo monolítico
del sector militar al gobierno se desmoronaría por completo. Lo que daría pie a
nuevo brotes de descontento dentro y fuera de la institución castrense.
Los ruidos dentro de la Fuerza
Armada y de la sociedad fueron cada vez mayores. Las política de ordenamiento
interno se fueron acrecentando, las cárceles se abarrotaron de presos políticos
y la anarquía se apoderó del movimiento estudiantil, quien tomó posición
beligerante en contra del sistema de gobierno.
Intelectuales, médicos, abogados,
profesores universitarios, ingenieros suscriben manifiestos de denuncia contra del
Gobierno. Todo esto fue haciendo más mella en la relación Fuerzas Armadas con
Miraflores.
El 13 de enero, el presidente-general
convocó a su despacho al general Rómulo Fernández, Ministro de la Defensa,
quien hacía unos días había presentado en nombre del Alto Mando Militar, un
pliego a Pérez Jiménez en el que se solicitaba la renuncia de Laureano
Vallenilla, ministro del Interior, y de Pedro Estrada, director de la Seguridad
Nacional.
Pérez aceptó las estipulaciones
del pliego. Destituyó a Vallenilla, sacó a Estrada del país y formó un gabinete
integrado por oficiales de las Fuerzas Armadas.
Alrededor del 15 de enero la
Junta Patriótica, ente aglutinador de la oposición, llamó a la huelga general
para el día 21 de ese mes.
Dicho día comienza la huelga de
prensa y horas después de ésta, la huelga general convocada por la Junta
Patriótica. El paro se cumplió a cabalidad y en muchos sitios de Caracas se produjeron
enfrentamientos con las fuerzas del gobierno.
Para el 22 se reúnen altos jefes
militares en la Academia Militar para considerar la situación. Sus
deliberaciones concluyen formando una Junta Militar de Gobierno que pide la
renuncia a Pérez Jiménez.
En horas de la noche de ese 22 de
Enero la Marina de Guerra y la Guarnición de Caracas se pronunciaron contra Pérez
Jiménez, y éste privado de todo apoyo en las Fuerzas Armadas, huyó en la
madrugada del 23 de enero.
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