Por José Dionisio Solórzano
Opinión-. Eran los días de 1814, las fuerzas llaneras
dirigidas por José Tomás Boves asolaban a toda Venezuela, y habían hecho sitio
al Libertador Simón Bolívar en la población de San Mateo.
En reiteradas ocasiones las
huestes de Boves atacaban a la ciudad, los patriotas resistían y repelían cada
una de las embestidas de los soldados que levantaban las banderas del Rey de
España.
El 28 de febrero los realistas se
situaron a los alrededores de la ciudad de San Mateo y asaltan las trincheras
que defendían la entrada al valle. Sin
embargo, las condiciones de estrechez del terreno y lo concentrado del fuego
republicano causaron muchas bajas en los llaneros de Boves que no tuvieron más remedio que
retirarse.
A la mañana del 29 de febrero,
Boves se apersonó al campo de batalla. El comandante realista ordenó a la
caballería subir a Puntas del Monte, una serie de colinas que se encontraban en
el ala izquierda de los defensores, desde ahí los llaneros cargaron varias
veces pero nuevamente sufrieron muchas bajas por los bien atrincherados
defensores.
Los pobladores de San Mateo han
repetido, como parte de una leyenda popular, que en una de las cargas fue
herido mortalmente Antíno, el caballo de Boves, y que éste, de quien era bien
sabida su crueldad, lloró largamente y sin consolación, y juró vengarse frente
a sus hombres.
El permanente fracaso de la
caballería contra las líneas republicanas, hizo a Boves rectificar la táctica y orquestar un nuevo
plan que le permitiera obtener el parque republicano almacenado en la Casa Alta
del ingenio Bolívar.
El propósito era el armar a sus soldados,
quienes solo contaban con lanzas. Sin embargo, la custodia de la pólvora patriótica
estaba a cargo del capitán neogranadino Antonio Ricaurte, quien dirigía una
pequeña tropa de unos 50 soldados.
El capitán dispuso rodear la
plaza de armas por todos sus accesos con "carroneras", es decir, cañones
de a 4 o de a 6 pulgadas en la boca, colocados sobre ruedas pequeñas para disparos
rasantes sobre el piso, y tiradores en los tejados.
En medio del ataque realista del
25 de marzo, Francisco Tomás Morales, segundo de Boves, se tomó el Ingenio, y
al mismo tiempo, una de sus columnas, bajando por la fila de Los Cucharos tomó
la Casa Alta.
Frente a semejante situación, Ricaurte al verse rodeado por las tropas enemigas
y a punto de perder la posición y el arsenal de guerra que defendía, aguardó a que entraran y acto seguido prendió
fuego a los polvorines y lo hizo volar con lo cual pereció él y aquellos que se
hallaban dentro del recinto.
Aquel sacrificio de Ricaurte hizo
que Boves perdiera el objetivo estratégico del movimiento lo que permitió a
Bolívar, al observar el desorden momentáneo entre los realistas, encabezar un
contraataque, con el cual reconquistó la Casa Alta, hoy museo histórico Antonio Ricaurte.
Posteriormente Boves orquestó y
materializó dos grandes ataques, el 20 y el 25 de marzo y siempre fue rechazado
dejando graves pérdidas humanas en el terreno de guerra.
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