Por José Dionisio Solórzano
Opinión-. Era el 31 de diciembre de 1816, El Libertador
Simón Bolívar y el General Juan Bautista Arismendi habían arribado a la
provincia de Barcelona, provenientes de la Isla de Margarita, con el propósito
de planear una nueva ofensiva independentista sobre Caracas, para lo cual contaban con tropas provenientes de
Apure, Guayana y Cumaná.
A tan solo a 10 días de su
llegada, el Libertador se dirigió a Píritu donde fue interceptado por tropas
realistas a la altura del río Unare, en las inmediaciones de la población de
Clarines, donde se precipitó la lucha entre ambos lados.
Unos 900 soldados del ejército libertador
y otros 700 de infantería que se movilizaron desde la Isla de Margarita se
enfrentaron a unos 550 soldados, 300 flecheros y unos 40 jinetes indígenas al
servicio de la Corona de España, dirigidos por el Cacique y capitán José María
Chaurán.
La posición de las tropas
realistas era ventajosa, además de ser suya el factor sorpresa, mientras que
los patriotas no se encontraban en su mejor momento y circunstancias. Prácticamente
sorprendidos, desencajados y sin coordinación los soldados de la causa
independentistas perdieron la coordinación frente a las embestidas de los
enemigos.
A los pocos minutos de iniciada
la refriega, el Cacique se apoderó del campo, los patriotas no tuvieron más
remedio que dispersarse. Muchos de los soldados libertadores fueron perseguidos
tenazmente por los indígenas.
Como resultados se contabilizaron
unos 900 fallecidos, sumando las bajas de ambos ejércitos.
Luego del revés, Simón Bolívar y
Juan Bautista Arismendi retornaron a Barcelona, donde el Libertador decidió
hacer un ajuste a la estrategia y enrumbar las fuerzas patrióticas hacia
Guayana con el objetivo de organizar la Toma de Angostura.
La decisión fue tomada junto con
la designación del General Pedro María Freites para que se encargase de las fuerzas patriotas en
Barcelona.
Así comenzaría una nueva página
en la lucha por la independencia de Venezuela.
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