Por José Dionisio Solórzano
Opinión-. Había
iniciado el año 1817, el Teniente General Don Pablo Morillo había ingresado en territorio
venezolano luego de sojuzgar a los independentistas en la Nueva Granada (actual
Colombia); venía decidido a repetir la hazaña en la Provincia de Venezuela y
someter a lo que llamaban “los bandidos” que seguían a Simón Bolívar.
Entró con un formidable ejército,
el mismo que había sometido a los neogranadinos. Una de sus divisiones estaba
al mando del Coronel Miguel De la Torre y Pando, el día 27 de enero éste había
acampado con 1.800 hombres en el Hato El Frío, y el día 28 de enero se
enfrentaría a los lanceros comandados por el General José Antonio Páez.
Ese 28 De la Torre llegaría a la
sabana de Mucuritas, allí dispuso a sus 1.000 infantes y sus 800 caballos.
Frente a él, Páez arribó con 1.100 jinetes, los cuáles dividió en tres líneas: la
primera a cargo de Ramón Nonato Pérez, la segunda guiada por Doroteo Hurtado y
Rafael Rosales y la tercera bajo la dirección de Cruz Carillo.
Los realistas dispusieron sus
unidades de la siguiente forma: Una columna de cazadores en posición de batalla
de a cuatro en fondo, el tercer batallón de Numancia, en columna cerrada, se
posicionó en la retaguardia de aquél y el otro en la retaguardia como reserva.
Además, De la Torre colocó dos
escuadrones de húsares a la izquierda del campo de batalla, y otro en su retaguardia
como reserva.
Con este planteamiento de
batalla, el coronel ibérico avanzó y abrió fuego en contra de los patriotas. En
respuesta, José Antonio Páez ordenó a la primera línea, a cargo de Ramón Nonato
Pérez, cargar con vigor contra el enemigo, sin embargo tenía la orden que a
media distancia se dividieran a derecha e izquierda para atacar el flanco de
caballería que formaba las alas de infantería enemiga.
Páez había ordenado a sus hombres
que al ser rechazados por los españoles efectuasen un repliegue en aparente
derrota, y que volviesen caras cuando notasen que la segunda línea patriotas,
bajo la conducción de Doroteo Hurtado y Rafael Rosales, entrara en batalla
contra la retaguardia de la caballería enemiga, la cual se encontraba en ese
momento en plena persecución de la primera línea patriótica.
La maniobra pensada por Páez se
llevó adelante a la perfección, lo que dejó a De la Torre sin caballería y con
200 húsares de bajas, el español tenía unas fuerzas diezmadas e incomunicadas
de lo que restaba de infantería.
Y para completar la estrategia,
Páez había dispuesto que 50 de sus soldados, dieran fuego a la sabana, la cual
rápidamente se extendió dejando a la infantería realista envuelta en llamas.
Solo la pericia del comandante
español y sus nervios de acero lograron evitar que la derrota fuera aún más
espantosa. De la Torre ordenó a sus soldados de a pie a que se apoyaran en una
cañada cercana para impedir que murieran abrazados.
Los españoles marcharon en franca
retirada hacia el paso de El Frío, hasta donde los persiguió las huestes de
Páez, solo la protección de un bosque cercano le dio el abrigo final a los
hombres de De la Torre.
De esta forma, luego de una
táctica de engaño exitosa y de maniobras efectivas, aparte de 14 cargas de
caballería, José Antonio Páez les propinaría a los vencedores de Nueva Granada
una de sus primeras derrotas en suelo venezolano.
¡Vive la historia, vive el
desafío de aprender!
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