miércoles, 4 de septiembre de 2019

Emperador Claudio


Por José Dionisio Solórzano

Opinión-.   En la historia encontramos más de un caso de personas que surgieron de la nada para terminar ocupando los más altos puestos públicos de sus tiempos; no obstante en esta ocasión permítanme hablar de un caso que juzgo entre los mejores ejemplos de superación social y poder político.

Empecemos en los días del Imperio Romano: Claudio era el actor político, tal vez el más despreciado y subestimado de aquellos días. Tío de Calígula, un emperador con muchos más vicios que virtudes, a tal punto que se dice que Calígula se acostaba con la esposa de Claudio por el simple placer de humillarle.

No era un gran estadista, no era un hombre de letras, tampoco un militar de grandes éxitos, no. Claudio era un político regordete, cojo y tartamudo, ganado más a beber y a comer que a cualquiera otra actividad. Siempre estuvo bajo las sombras, oculto, siendo el hazmerreír de muchos.

No obstante, su día llegó. Calígula fue asesinado, su sangre bañó las calles de la vieja Roma, y los asesinos, aquella Guardia Pretoriana que había jurado cuidar al emperador, entraron al Palacio con la aparente intención de liquidar a todos los familiares sobrevivientes del déspota caído.

Cuenta la leyenda que Claudio se escondió arrodillado, y lleno de temor, detrás de unas cortinas, y lanzó un pequeño grito cuando se vio descubierto por los soldados.

Mayor su sorpresa cuando los militares se dieron un golpe en el pecho y alzando extendida su mano derecha (el saludo romano) dijeron al unísono “Salve emperador Claudio”. Así, este pequeño político se transformó en el hombre más poderoso del mundo.

Desde aquel 24 de enero del año 41 hasta su muerte en el año 54, Claudio ejerció el poder de la potencia económica y militar más grande del mundo. Su gobierno lo constituyó la modernización de Roma, son famosos sus sistemas de acueductos (Aqua Claudia y  Anio Novus), además de su invasión a Bretaña (Inglaterra), su gobierno fue una total mejoría en comparación a su antecesor y sucesor.

Claudio, oriundo en Lugdunum en la Galia, el primer emperador romano nacido fuera de la península itálica, fue un buen emperador y un alivio entre las atrocidades cometidas por Calígula y por Nerón; él es uno de esos hombres que cuando se les presenta una oportunidad la aprovechan al máximo, así lo hizo él, nunca estuvo en sus planes ser Emperador, aunque no dudó en tomar el poder para sí y lo ejerció lo mejor que le permitieron las circunstancias.

Tal vez, en este caso, el hecho de no ser un hombre apreciado por sus coterráneos y contemporáneos, el hecho de no ser un preferido por el statu quo ni por el pueblo, lo obligó a ser un gobernante consciente de sus capacidades, de sus límites y de las formas para hacer el mejor de los gobiernos posibles. 

Así Claudio, un político insignificante, se convirtió en Emperador.

¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!






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