martes, 29 de octubre de 2019

Cronología del Cacao


José Dionisio Solórzano (@jdionisioss)

Opinión-.  La industria del cacao, con su siembra, cosecha y comercialización,  fue fundamental en el desarrollo económico, político y social de lo que hoy conocemos como Venezuela. Frente a ello, en esta semana quiero publicar una cronología del auge y de la caída de este producto en los tiempos de la colonia.

1534: Se elabora por primera vez el chocolate en España. El Cacao  y la receta para su preparación fueron enviadas a los monjes del Monasterio de Piedra por un fraile que estaba en Nueva España (México).

1544-1553: El comerciante florentino Galeotto Cey participa con los Welser en la exploración y conquista de los territorios situados al noroeste de Venezuela. En su diario registra la existencia y uso del árbol del cacao por los habitantes originarios.

1579: De Mérida y Trujillo se exportó cacao a Cartagena de Indias. Según Eduardo Arcila Farías, se trata de la referencia más antigua sobre el comercio y exportación del fruto en esas tierras.

1607: Se produce la primera exportación de este producto, en una cantidad mínima: 4 y ½ fanegas, de la provincia de Caracas por el puerto de La Guaira.

1611: El 11 de junio se informa al Rey sobre el descubrimiento de una montaña con más de 100.000 árboles de cacao en el lago de Maracaibo, tal como se conoce por dos reales cédulas que se encuentran en el Archivo General de Indias de Sevillas. Estos árboles se repartieron entre los vecinos de Mérida y de Maracaibo, quienes negociaron con los quiriquires la explotación de este descubrimiento a cambio de mercancías.

1622: Se registra la primera remesa con destino a Nueva España, que consistió en 60 fanegas. Desde este momento el comercio entre el Virreinato y la provincia se mantendrá e irá en aumento hasta finales del siglo XVIII, convirtiéndonos en provincia agroexportadora de importancia dependientes de este único fruto.

1638: La Corona España, a fin de estimular su comercio y cultivo, exoneró los derechos de almojarifazgo (impuesto por salida) siempre y cuando  los cargadores o embarcadores del fruto fueran habitantes de estos territorios.

1678: El 8 de mayo, por una Real Cédula, los comerciantes y cosecheros de la provincia de Venezuela quedan autorizados para fijar en el mercado  novohispano  el  precio de su cacao a conveniencia, sin la intervención de ninguna autoridad virreinal.

1695: El 13 de marzo, el rey Carlos II de España, mediante una Real Cédula, ordena  a los virreyes del Perú y Nueva España impedir la introducción en este último  Virreinato del Cacao de Guayaquil, por considerar que iba en contra de los intereses de los comerciantes caraqueños.

1709: El 4 de noviembre el Rey libra una Real Cédula dirigida al Virrey de Nueva España para insistir en la vigencia de la prohibición de comerciar el cacao guayaquileño en ese Virreinato, lo que hace suponer que las violaciones de esta disposición eran recurrentes.

1730: Se instala en Venezuela la Real Compañía Guipuzcoana; entre sus funciones estaba la de monopolizar el comercio cacaotero que debía dirigirse a España.

1734: La compañía Guipuzcoana  fija a los cosecheros y comerciantes criollos un límite de 21.000 fanegas  de cacao por conducir a Nueva España, disposición que fue considerada lasiva  ya que el resto  de la producción tenía que venderla necesariamente a la metrópoli a muy bajo precio.

1774: El 17 de enero se levanta la prohibición de introducir el fruto procedente de Guayaquil en el Virreinato de Nueva España. La ejecución de esta real Cédula hizo descender abruptamente el precio del cacao caraqueño en dicho mercado, que fue invadido por el cacao guayaquileño.

1781: Cesa en sus funciones la Real Compañía Guipuzcoana.

1793: El cacao representó el 64% de las exportaciones realizadas por La Guaira, mientras que el añil alcanzó un 30,1% lo que indica un cambio frente al esquema exclusivamente cacaotera de 1770.

1809: El cambio de la  estructura de las exportaciones experimentó un avance definitivo: el cacao generó el 43,3% del valor exportado por La Guaira y Puerto Cabello, el añil 24,6% y el café un 17,4%.

1811: Se produce el gran vuelco: el cacao es desplazado como principal producto de exportación. Este año el añil representó el 35,2% del valor de las exportaciones por La Guaira.

Sin embargo, creo que la producción del cacao venezolano, el mejor del mundo, tiene que retomarse, para que vuelva a ser referente comercial y de exportación de Venezuela.

El cacao debería tener más futuro que pasado.

¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!



miércoles, 23 de octubre de 2019

Los Lincheros


José Dionisio Solórzano

Opinión-.  A mediados de 1869 las calles de Caracas estaban inundadas por un panfleto con el título de la “Ley de Lynch”, en el cual se leía que “todo medio es aceptable… Decididamente seamos enérgicos y que impere la Ley del Terror”.

Así, con le venia del gobierno de entonces, nacieron “Los Lincheros” de Santa Rosalía, un grupo auspiciado por el Gobierno para intimidar, atacar y reducir a los opositores de la denominada Revolución Azul, la cual había arribado al poder en un convulsionado 1868 que permitió al octogenario general José Tadeo Monagas y sus tropas orientales, dirigidas por sus hijos, sobrinos y fieles, retomar el poder luego de 10 años de haber sido desalojado de éste.

Ondeando una bandera azul, diferenciándose del amarillo de los federalistas y del rojo de los conservadores, José Tadeo Monagas retomó el poder con el lema de “unión de los venezolanos y olvido de lo pasado”.

A pesar del triunfo de aquella Revolución que inició en el hato oriental de “El Roble”, José Tadeo Monagas  falleció a sus 83 años aquel 18 de noviembre, dejando al nuevo gobierno acéfalo. Tras su desaparición los simpatizantes del nuevo orden se dividieron entre Domingo Monagas y José Ruperto Monagas, sobrino e hijo respectivamente del General José Tadeo Monagas, prócer de la independencia.

Al final José Ruperto se quedó con el poder y dio libre acción a un grupo de simpatizantes que se reunían en Santa Rosalía, específicamente en el callejón Muchinga, desde donde planificaban sus acciones en contra de aquellos que se oponían al Monagato reconstituido en el poder.

José Ruperto Monagas ayudaba económicamente a los lincheros, quienes legalmente se llamaban Sociedad Patriótica Benéfica de Santa Rosalía, pero su verdadero propósito era el sembrar de terror a las calles de Caracas.

Cuando en septiembre de 1868 retornó de su exilio el General Antonio Guzmán Blanco, éste inició su campaña política para la toma del poder, lo que llevó a Monagas y a los lincheros a reaccionar. El jefe del movimiento denominado los “liberales puros” se constituyó como la nueva oposición a los azules y a su política de “centro político”.

La ojeriza entre unos y otros se fue extendiendo con el paso del tiempo, hasta que el 14 de agosto de 1869 cuando Guzmán Blanco preparó una gran fiesta en Caracas para medir sus simpatías entre la alta sociedad caraqueña.

Desde la prensa oficial, puntualmente el Federalista, el editor Ricardo Becerra, atacó el evento y además de los epítetos de “ladrón” y “estafador”, con los cuales se atacaban a Guzmán Blanco, ahora se le llamaba “insensato”.

Guzmán Blanco no temió a las amenazas ni hizo caso a los consejos que suspendiera la velada. El día pautado se presentaron los invitados y los alrededores de la casa del líder liberal se colmaron de simpatizantes de los Monagas, ya para los 12 de la noche la muchedumbre atacó tomando el zaguán de la casa y lanzando piedras.

Varios de los hombres presentes, entre ellos un joven llamado Raimundo Andueza Palacios, posteriormente presidente de Venezuela, tuvieron que hacerle frente a los revoltosos, hasta la llegada del General  Martín Vega para entonces  comandante de armas de Caracas.

De acuerdo con el historiador Francisco González Guinán, el General Vega calmó a los lincheros diciéndole apaciblemente: “Muchachos, ya está bueno, vámonos a la Plaza Bolívar”.

Así nacieron los linchamientos en Venezuela y los grupos parapoliciales al servicio del gobernante de turno.

 ¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!




lunes, 14 de octubre de 2019

Fusilamiento de Piar


José Dionisio Solórzano (@jdionisioss)

Opinión-.  El pelotón de fusilamiento tomó posición. Con la cabeza erguida, la dignidad intacta y el coraje en la cúspide salió del calabozo el condenado a muerte; su paso era marcial y decidido, al estar frente del escuadrón que iba a ejecutar la orden de “fuego”, como por un gesto de última bravura y, como retando a quien dio la orden de su enjuiciamiento, se negó a colocarse la venda en los ojos.

Y justo cuando se escuchó la metralla de los fusiles, y cuando se palpaba el olor de la pólvora en el aire, se escuchó su voz firme y gigante diciendo: ¡Viva la Patria!

De esta forma, el Generalísimo invicto, “libertador de Guayana”, Manuel Carlos María Piar Gómez, fallecería al ser condenado por traición y sedición. Con su muerte, las facciones que rivalizaban por la jefatura política y militar de la Guerra de Independiente cesarían y el General Simón Bolívar se consolidaría como jefe supremo de la lucha por la libertad.

Y, ¿cuál fue la acusación contra Piar? Aquel 16 de octubre de 1817 había sido el punto final de un proceso de rivalidad y lucha interna por el control del movimiento por la Independencia. Recordemos que en mayo de ese mismo año se había  reunido en Cariaco un Congreso integrado por jefes republicanos disidentes a Bolívar, desde donde el General Santiago Mariño desconoció el liderazgo de aquél.

Piar participó en aquel congreso,  además el general  nacido en  Williemstad, en Curazao venía de haber protagonizado una campaña abrumadora de victorias; con las batidas en Barcelona, Carúpano, El Juncal, Valle de la Pascua, Paso del Caura, Puga y finalmente sellado la liberación de Guayana con la Batalla de San Felix.

Tenía bajo sitio a Angostura y a Guayana La Vieja, cuando tuvo que entregarle el mando de sus fuerzas a Simón Bolívar, cosa que hizo a regañadientes. A parte el Libertador, al asumir el control de las fuerzas patriotas, renegó a puestos sin importancia a Piar, hiriéndole aún más el ego.

Manuel Piar decide abandonar el ejército, no obstante según las denuncias que llegan hasta Bolívar, vía el General José Francisco Bermúdez, se conoció que había presuntamente empezado a intrigar para deponer al Libertador del mandato de las fuerzas republicanas.

Bolívar, con sus oídos llenos de acusaciones e intrigas de terceros, ordenó a Manuel Cedeño que capturase a Piar en Aragua de Maturín, y giró instrucciones al General Carlos Soublette para que instruyera el proceso por “crímenes de insubordinado” contra del héroe de El Juncal, y designó al también nativo de Curazao, el Almirante Luis Brión, como presidiera el Consejo de Guerra.

Ahora bien, para algunos historiadores, una de las molestias, exteriorizadas públicamente por el General Piar, se centraba en la posición de estar recibiendo órdenes de Bolívar, a quien  consideraba un citadino blanco de Caracas, que no representaba realmente los intereses populares; esta versión se desprende de la supuesta condición de mulato de Piar.

En esta misma línea de ideas está la tesis de la “Guerra de Colores”, la cual estimaba una revolución de pardos (mestizos) en contra del control político de los blancos criollos. Tal vez, estas ideas surgieron en Manuel Piar durante su estadía por Haití y, por haber analizado la lucha de los negros haitianos en contra del dominio francés.

Ya hubiese sido por ansias de poder, por celos políticos y/o militares, o  por la simple incompatibilidad entre Piar y Bolívar, el fusilamiento del primero fortaleció al segundo. Es menester indicar que luego de la muerte del libertador de Guayana, los azuzadores de divisiones como el General Mariño, el General Bermúdez y General José Antonio Páez se sometieron a la fuerza de Simón Bolívar.

 ¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!

martes, 8 de octubre de 2019

¿Una iglesia venezolana?


Opinión-.  Al mejor estilo de Enrique VIII, durante el período denominado El Trienio Adeco, y en medio de una puja entre la Junta Revolucionaria de Gobierno, encabezada por Rómulo Betancourt, y la Iglesia Católica, se constituyó la Iglesia Católica Apostólica y Venezolana (ICAV).

Todo empezó con el decreto 321, donde el Ejecutivo venezolano ponía en desventaja a la educación privada frente a la pública, perjudicando así a un número importante de unidades educativas que estaban bajo la administración de la Iglesia Católica.

En medio de la conflictividad, en un editorial de diciembre de 1947 de  la Revista Sic, se leía un editorial que decía: “son ateos los que no creen en Dios; aunque en medio de la propaganda electoral entran al templo a besar las imágenes de los Santos. Son totalitarios los que atribuyen al Estado los derechos que corresponde al individuo, a la familia y a la Iglesia… Son socialistas y perseguidores de la Iglesia, según expresión del Episcopado venezolano en su carta pastoral del 30 de septiembre, los que en la Asamblea Constituyente defendieron el decreto 321 y el artículo 55 de la Constitución”.

Desde el Gobierno, a través del impulso del Maestro Luis Beltrán Pietro Figueroa, se siguió adelante con el plan de despojar de beneficios académicos a las instituciones privadas y desmejorarlas frente a las públicas; a tal punto que un alumno con 20 puntos en una institución privada equivaldría a 15 puntos en la pública.

En medio de este enfrentamiento, desde el seno del Poder Político se acordó promover un cisma dentro de la misma Iglesia alentando, promoviendo y auspiciando, e incluso financiando, una Iglesia separada la cual se denominaría Iglesia Católica, Apostólica y Venezolana (ICAV), quien estaría a cargo de Luis Fernando Castillo Méndez, un sacerdote ordenado clandestina e írritamente por un obispo español, consagrado por un obispo cismático brasileño.

A la ICAV se agregaron unos pocos sacerdotes y feligreses, quienes ya habían manifestado su recelo en contra de la jerarquía de la Iglesia Católica en Venezuela, sobre todo en la forma como se conducían los obispos venezolanos.

Sin embargo, a pesar de la enorme cantidad de dinero invertido en el proyecto los objetivos no fueron alcanzados; la Iglesia Católica Apostólica y Venezolana no sobrevivió a la caída del gobierno de Don Rómulo Gallegos. E incluso esta polémica podría explicar el júbilo manifestado por los obispos venezolanos al conocerse el derrumbamiento del ensayo democrático de 1945 a 1948.

Con frases como “La noche quedó atrás” y la “Noche blanca”, los sacerdotes ponderaban el período del Trienio Adeco y a lucha que los revolucionarios de octubre y los sacerdotes protagonizaron por el derecho a la educación libre de los venezolanos.

Este es un pasaje de nuestra historia patria y de la historia de la Iglesia Católica en Venezuela, que nos es suficientemente conocido y estudiado.

¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!






martes, 1 de octubre de 2019

Toma de Puerto Cabello


José Dionisio Solórzano (@jdionisioss)

Opinión-.  El Castillo de Puerto Cabello fue la última plaza fuerte en manos de los realistas en territorio venezolano; desde 1812 hasta 1823 estas instalaciones militares, la más importante de Venezuela, fue centro de operaciones de aquellos que defendían los derechos de la corona española sobre territorio venezolano.

En 1812, luego de un movimiento sedicioso, la plaza cayó en manos realistas, y provocó la caída de la Primera República y la famosa expresión del Teniente General Francisco de Miranda: “la república quedó herida en el corazón”.

Todos los intentos por recuperar Puerto Cabello fueron estériles, hasta aquel mes de noviembre de 1823, cuando el General José Antonio Páez sitió la plaza.

Durante el sitio, las tropas patriotas hallaron en la playa de Borburata, cerca del castillo, unas pisadas humanas que se originaban desde un manglar próximo. Páez ordenó una investigación y a corto tiempo ya tenía prisionero a un esclavo de un oficial realista, quien confesó que todas las noches salía del castillo, por orden de su amo, a buscar provisiones en el pueblo y monitorear las posiciones realistas, y para ello atravesaba el manglar y aprovechaba un vado existente en el camino.

Con la información confirmada, de un acceso al castillo por el manglar; el General  José Antonio Páez ideó un plan de ataque.

El 7 de noviembre de 1823 Páez ordenó, desde muy temprano en la mañana, hacer preparativos en la artillería, como una maniobra de distracción y engaño. Mientras tanto dispuso que dos compañías de infantería y 50 lanceros, al mando del teniente coronel Francisco Farfán, tomasen los baluartes Princesa y Príncipe.

Otra compañía de infantería y 25 lanceros debían ocupar el muelle, según el plan de Páez, mientras otros dos más debían tomar las baterías El Corito y Constitución. Además, el teniente coronel brasileño José Abreu e Lima con 15 soldados tenía la encomienda de ocupar la puerta de la Estacada. Y, la reserva quedaría constituida por una compañía de cazadores.

Así todo dispuesto, a las 10 de la noche inició la operación. El movimiento por el manglar tardó 4 horas, pero el asalto se ejecutó a la perfección; ya a las 2 de la mañana del día 8 de noviembre la plaza estaba tomada, a pesar de los desesperados y audaces esfuerzos del brigadier realista Sebastián de la Calzada. 

Los patriotas hicieron presos a 56 oficiales, 539 efectivos de tropas, unos 620 fusiles y 3.500 quintales de pólvora. Hubo, en el bando realista, 156 muertos y 56 heridos, mientras que en las tropas de Páez solo fallecieron 10 personas y hubo 35 heridos.

Con esta acción militar, terminó definitivamente la presencia militar realista en Venezuela, al perder su último bastión en el territorio.

Y así se escribió, con ingenio y con estrategia, las últimas líneas de la Guerra de Independencia.

¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!