José Dionisio Solórzano
Opinión-. A mediados de 1869 las calles de Caracas
estaban inundadas por un panfleto con el título de la “Ley de Lynch”, en el cual se leía que “todo medio es aceptable… Decididamente seamos enérgicos y que impere la
Ley del Terror”.
Así, con le venia del gobierno de
entonces, nacieron “Los Lincheros” de Santa Rosalía, un grupo auspiciado por el
Gobierno para intimidar, atacar y reducir a los opositores de la denominada
Revolución Azul, la cual había arribado al poder en un convulsionado 1868 que
permitió al octogenario general José Tadeo Monagas y sus tropas orientales,
dirigidas por sus hijos, sobrinos y fieles, retomar el poder luego de 10 años
de haber sido desalojado de éste.
Ondeando una bandera azul,
diferenciándose del amarillo de los federalistas y del rojo de los
conservadores, José Tadeo Monagas retomó el poder con el lema de “unión de los venezolanos y olvido de lo
pasado”.
A pesar del triunfo de aquella
Revolución que inició en el hato oriental de “El Roble”, José Tadeo Monagas falleció a sus 83 años aquel 18 de noviembre,
dejando al nuevo gobierno acéfalo. Tras su desaparición los simpatizantes del nuevo
orden se dividieron entre Domingo Monagas y José Ruperto Monagas, sobrino e
hijo respectivamente del General José Tadeo Monagas, prócer de la
independencia.
Al final José Ruperto se quedó
con el poder y dio libre acción a un grupo de simpatizantes que se reunían en
Santa Rosalía, específicamente en el callejón Muchinga, desde donde
planificaban sus acciones en contra de aquellos que se oponían al Monagato
reconstituido en el poder.
José Ruperto Monagas ayudaba
económicamente a los lincheros, quienes legalmente se llamaban Sociedad
Patriótica Benéfica de Santa Rosalía, pero su verdadero propósito era el
sembrar de terror a las calles de Caracas.
Cuando en septiembre de 1868
retornó de su exilio el General Antonio Guzmán Blanco, éste inició su campaña
política para la toma del poder, lo que llevó a Monagas y a los lincheros a
reaccionar. El jefe del movimiento denominado los “liberales puros” se
constituyó como la nueva oposición a los azules y a su política de “centro
político”.
La ojeriza entre unos y otros se
fue extendiendo con el paso del tiempo, hasta que el 14 de agosto de 1869 cuando
Guzmán Blanco preparó una gran fiesta en Caracas para medir sus simpatías entre
la alta sociedad caraqueña.
Desde la prensa oficial,
puntualmente el Federalista, el editor Ricardo Becerra, atacó el evento y
además de los epítetos de “ladrón” y “estafador”, con los cuales se atacaban a
Guzmán Blanco, ahora se le llamaba “insensato”.
Guzmán Blanco no temió a las
amenazas ni hizo caso a los consejos que suspendiera la velada. El día pautado
se presentaron los invitados y los alrededores de la casa del líder liberal se
colmaron de simpatizantes de los Monagas, ya para los 12 de la noche la
muchedumbre atacó tomando el zaguán de la casa y lanzando piedras.
Varios de los hombres presentes,
entre ellos un joven llamado Raimundo Andueza Palacios, posteriormente
presidente de Venezuela, tuvieron que hacerle frente a los revoltosos, hasta la
llegada del General Martín Vega para
entonces comandante de armas de Caracas.
De acuerdo con el historiador
Francisco González Guinán, el General Vega calmó a los lincheros diciéndole
apaciblemente: “Muchachos, ya está bueno,
vámonos a la Plaza Bolívar”.
Así nacieron los linchamientos en
Venezuela y los grupos parapoliciales al servicio del gobernante de turno.
¡Vive la historia, vive el desafío de
aprender!
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