miércoles, 23 de octubre de 2019

Los Lincheros


José Dionisio Solórzano

Opinión-.  A mediados de 1869 las calles de Caracas estaban inundadas por un panfleto con el título de la “Ley de Lynch”, en el cual se leía que “todo medio es aceptable… Decididamente seamos enérgicos y que impere la Ley del Terror”.

Así, con le venia del gobierno de entonces, nacieron “Los Lincheros” de Santa Rosalía, un grupo auspiciado por el Gobierno para intimidar, atacar y reducir a los opositores de la denominada Revolución Azul, la cual había arribado al poder en un convulsionado 1868 que permitió al octogenario general José Tadeo Monagas y sus tropas orientales, dirigidas por sus hijos, sobrinos y fieles, retomar el poder luego de 10 años de haber sido desalojado de éste.

Ondeando una bandera azul, diferenciándose del amarillo de los federalistas y del rojo de los conservadores, José Tadeo Monagas retomó el poder con el lema de “unión de los venezolanos y olvido de lo pasado”.

A pesar del triunfo de aquella Revolución que inició en el hato oriental de “El Roble”, José Tadeo Monagas  falleció a sus 83 años aquel 18 de noviembre, dejando al nuevo gobierno acéfalo. Tras su desaparición los simpatizantes del nuevo orden se dividieron entre Domingo Monagas y José Ruperto Monagas, sobrino e hijo respectivamente del General José Tadeo Monagas, prócer de la independencia.

Al final José Ruperto se quedó con el poder y dio libre acción a un grupo de simpatizantes que se reunían en Santa Rosalía, específicamente en el callejón Muchinga, desde donde planificaban sus acciones en contra de aquellos que se oponían al Monagato reconstituido en el poder.

José Ruperto Monagas ayudaba económicamente a los lincheros, quienes legalmente se llamaban Sociedad Patriótica Benéfica de Santa Rosalía, pero su verdadero propósito era el sembrar de terror a las calles de Caracas.

Cuando en septiembre de 1868 retornó de su exilio el General Antonio Guzmán Blanco, éste inició su campaña política para la toma del poder, lo que llevó a Monagas y a los lincheros a reaccionar. El jefe del movimiento denominado los “liberales puros” se constituyó como la nueva oposición a los azules y a su política de “centro político”.

La ojeriza entre unos y otros se fue extendiendo con el paso del tiempo, hasta que el 14 de agosto de 1869 cuando Guzmán Blanco preparó una gran fiesta en Caracas para medir sus simpatías entre la alta sociedad caraqueña.

Desde la prensa oficial, puntualmente el Federalista, el editor Ricardo Becerra, atacó el evento y además de los epítetos de “ladrón” y “estafador”, con los cuales se atacaban a Guzmán Blanco, ahora se le llamaba “insensato”.

Guzmán Blanco no temió a las amenazas ni hizo caso a los consejos que suspendiera la velada. El día pautado se presentaron los invitados y los alrededores de la casa del líder liberal se colmaron de simpatizantes de los Monagas, ya para los 12 de la noche la muchedumbre atacó tomando el zaguán de la casa y lanzando piedras.

Varios de los hombres presentes, entre ellos un joven llamado Raimundo Andueza Palacios, posteriormente presidente de Venezuela, tuvieron que hacerle frente a los revoltosos, hasta la llegada del General  Martín Vega para entonces  comandante de armas de Caracas.

De acuerdo con el historiador Francisco González Guinán, el General Vega calmó a los lincheros diciéndole apaciblemente: “Muchachos, ya está bueno, vámonos a la Plaza Bolívar”.

Así nacieron los linchamientos en Venezuela y los grupos parapoliciales al servicio del gobernante de turno.

 ¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!




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