miércoles, 18 de diciembre de 2019

Batalla de San Mateo


Por José Dionisio Solórzano

Opinión-.  Eran los días de 1814, las fuerzas llaneras dirigidas por José Tomás Boves asolaban a toda Venezuela, y habían hecho sitio al Libertador Simón Bolívar en la población de San Mateo.

En reiteradas ocasiones las huestes de Boves atacaban a la ciudad, los patriotas resistían y repelían cada una de las embestidas de los soldados que levantaban las banderas del Rey de España.

El 28 de febrero los realistas se situaron a los alrededores de la ciudad de San Mateo y asaltan las trincheras que defendían la entrada al valle.  Sin embargo, las condiciones de estrechez del terreno y lo concentrado del fuego republicano causaron muchas bajas en los llaneros  de Boves que no tuvieron más remedio que retirarse.

A la mañana del 29 de febrero, Boves se apersonó al campo de batalla. El comandante realista ordenó a la caballería subir a Puntas del Monte, una serie de colinas que se encontraban en el ala izquierda de los defensores, desde ahí los llaneros cargaron varias veces pero nuevamente sufrieron muchas bajas por los bien atrincherados defensores.

Los pobladores de San Mateo han repetido, como parte de una leyenda popular, que en una de las cargas fue herido mortalmente Antíno, el caballo de Boves, y que éste, de quien era bien sabida su crueldad, lloró largamente y sin consolación, y juró vengarse frente a sus hombres.

El permanente fracaso de la caballería contra las líneas republicanas, hizo a Boves  rectificar la táctica y orquestar un nuevo plan que le permitiera obtener el parque republicano almacenado en la Casa Alta del ingenio Bolívar.

El propósito era el armar a sus soldados, quienes solo contaban con lanzas. Sin embargo, la custodia de la pólvora patriótica estaba a cargo del capitán neogranadino Antonio Ricaurte, quien dirigía una pequeña tropa de unos 50 soldados.

El capitán dispuso rodear la plaza de armas por todos sus accesos con "carroneras", es decir, cañones de a 4 o de a 6 pulgadas en la boca, colocados sobre ruedas pequeñas para disparos rasantes sobre el piso, y tiradores en los tejados.

En medio del ataque realista del 25 de marzo, Francisco Tomás Morales, segundo de Boves, se tomó el Ingenio, y al mismo tiempo, una de sus columnas, bajando por la fila de Los Cucharos tomó la Casa Alta.

Frente a semejante situación,  Ricaurte al verse rodeado por las tropas enemigas y a punto de perder la posición y el arsenal de guerra que defendía,  aguardó a que entraran y acto seguido prendió fuego a los polvorines y lo hizo volar con lo cual pereció él y aquellos que se hallaban dentro del recinto.

Aquel sacrificio de Ricaurte hizo que Boves perdiera el objetivo estratégico del movimiento lo que permitió a Bolívar, al observar el desorden momentáneo entre los realistas, encabezar un contraataque, con el cual reconquistó la Casa Alta,  hoy museo histórico Antonio Ricaurte.

Posteriormente Boves orquestó y materializó dos grandes ataques, el 20 y el 25 de marzo y siempre fue rechazado dejando graves pérdidas humanas en el terreno de guerra.


jueves, 12 de diciembre de 2019

Batalla de Cantaura


Por José Dionisio Solórzano

Opinión-.  El 12 de junio de 1819 se llevó acabo la Batalla de Cantaura, una gesta en la cual las fuerzas patrióticas lograron imponerse a las del Coronel realista Eugenio Arana.

Desde 1817, luego de la Batalla de la Casa Fuerte, la ciudad de Barcelona estaba bajo el control de las fuerzas del Rey de España. Sin embargo, el General Santiago Mariño pudo reactivar el empuje de las fuerzas patrióticas tras la victoria de Cantaura y amalgamar las tropas al servicio de la causa independentista.

En la heroica gesta, el General Mariño pudo envolver al enemigo, colocarse en terreno ventajoso y librar el combate en la mejor posición, lo que permitió que las fuerzas patrióticas tuvieran mejor poder de alcanza y penetración que sus adversarios.

El ejército libertador cayó sobre sus oponentes inmovilizando a su infantería y tomando, al poco tiempo, los puntos de artillería. Ante la envestida de los soldados de Mariño, el coronel Arana intentó movilizar a parte de su menguada caballería como último movimiento de sobrevivencia, y así salvar al resto de su ejército.

Las tácticas defensivas fueron insuficientes, y el coronel Arana declaró la derrota entre sus filas.

En un combate que no duró mucho tiempo, el libertador del oriente se anotó un importante triunfo que significó la reactivación de la lucha por la independencia en el oriente venezolano.

Debido a esta importante victoria, 36 años después, la población de Chamariapa va asumir el nombre de Cantaura como se le conoce en la actualidad.

¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!

martes, 3 de diciembre de 2019

Batalla de Clarines


Por José Dionisio Solórzano

Opinión-.  Era el 31 de diciembre de 1816, El Libertador Simón Bolívar y el General Juan Bautista Arismendi habían arribado a la provincia de Barcelona, provenientes de la Isla de Margarita, con el propósito de planear una nueva ofensiva independentista sobre Caracas,  para lo cual contaban con tropas provenientes de Apure, Guayana y Cumaná.

A tan solo a 10 días de su llegada, el Libertador se dirigió a Píritu donde fue interceptado por tropas realistas a la altura del río Unare, en las inmediaciones de la población de Clarines, donde se precipitó la lucha entre ambos lados.

Unos 900 soldados del ejército libertador y otros 700 de infantería que se movilizaron desde la Isla de Margarita se enfrentaron a unos 550 soldados, 300 flecheros y unos 40 jinetes indígenas al servicio de la Corona de España, dirigidos por el Cacique y capitán José María Chaurán.

La posición de las tropas realistas era ventajosa, además de ser suya el factor sorpresa, mientras que los patriotas no se encontraban en su mejor momento y circunstancias. Prácticamente sorprendidos, desencajados y sin coordinación los soldados de la causa independentistas perdieron la coordinación frente a las embestidas de los enemigos.

A los pocos minutos de iniciada la refriega, el Cacique se apoderó del campo, los patriotas no tuvieron más remedio que dispersarse. Muchos de los soldados libertadores fueron perseguidos tenazmente por los indígenas.

Como resultados se contabilizaron unos 900 fallecidos, sumando las bajas de ambos ejércitos.

Luego del revés, Simón Bolívar y Juan Bautista Arismendi retornaron a Barcelona, donde el Libertador decidió hacer un ajuste a la estrategia y enrumbar las fuerzas patrióticas hacia Guayana con el objetivo de organizar la Toma de Angostura.

La decisión fue tomada junto con la designación del General Pedro María Freites para que se  encargase de las fuerzas patriotas en Barcelona.

Así comenzaría una nueva página en la lucha por la independencia de Venezuela.

lunes, 25 de noviembre de 2019

Batalla del Juncal


Por José Dionisio Solórzano

Opinión-.  Era la mañana del 27 de septiembre de 1816, Francisco Tomás Morales comandante de las fuerzas realistas había salido la víspera de Aragua de Barcelona rumbo a Barcelona, topándose con las fuerzas independentistas  en las adyacencias de esta ciudad. 

Los primeros disparos se detonaron a eso de las ocho de la mañana, y la refriega duró hasta la una de la tarde; cinco horas donde los dos ejércitos dieron demostraciones de valentía, fuerza y sobre todo experticia táctica.

El ejército republicano entró a la sabana a las siete de la mañana, su ala derecha iba comandada por los generales Gregor MacGregor y Carlos Soublette y estaban conformadas por una división de infantería, dos piezas de artillería y varios escuadrones de caballería, éstas bajo el mando del General José Tadeo Monagas, su ala izquierda estaba bajo las órdenes de los generales Pedro María Freites y Manuel Piar, la cual estaba constituida por infantería y artillería, provenientes de Cumaná.

La artillería patriota inició el combate con una descarga sobre la izquierda y reserva de los realistas, mientras el ala derecha española empujaba  a la izquierda de los republicanos; frente a ello, la derecha independentista avanzó alineándose con su izquierda sosteniendo su fuego de infantería y artillería.

El ala derecha republicana, con MacGregor y Soublette a la cabeza, atacó con renovada fuerza a la izquierda de los comandados por Morales. En medio de la polvo, los gritos y las descargas de fusiles y artilleros, MacGregor se dirigió al Batallón Honor con las siguientes palabras: “Soldados avanzad a la bayoneta, Venced o morid”…

Así los patriotas cargaron contra sus enemigos; a la par el general Monagas hacía lo propio con su caballería, penetrando el flanco izquierdo realista y pasando al centro y retaguardia de la formación de éstos, lo que ocasionó la derrota realista, quienes se retiraron en desorden y en plena desesperación.

Luego de este triunfo, en la Batalla de El Juncal, Manuel Piar tomó a su ejército y lo dirigió hacia el sur, donde uniría sus fuerzas con las de Manuel Cedeño para iniciar la Campaña de Guayana y empezar una nueva etapa en la Guerra por la Independencia.

La Batalla del Juncal fue una de las mejores demostraciones de bravura y acción táctica de aquellos que lucharon por la liberación de Venezuela. Un episodio que siempre deberíamos recordar.

¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!



Batalla de los Alacranes


Por José Dionisio Solórzano

Opinión-.  Las tropas patriotas no venían de su mejor momento; el fracaso de la Expedición de Los Cayos, organizada desde Haití, fue un rotundo golpe para la causa independentista.

Luego del revés del desembarco quedaron en Ocumare, la república sufrió bajas sensibles y la falta de 1.000 cañones y 6.000 fusiles, no obstante el General Gregor MacGregor inició la llamada Retirada de los Seiscientos, dirigió su ejército rumbo al oriente venezolano, topándose en su camino con las fuerzas leales al Rey de España.

En las cercanías de la población de El Chaparro, en lo que hoy es el estado Anzoátegui, el ejército republicano, compuesto por 500 jinetes, 600 infantes y 200 soldados indígenas, que conformaron una especie de cuerpo auxiliar, a cargo de los caciques Maraure y Tupepe, libraron combate.

Los patriotas tuvieron que verse las caras, aquel seis de septiembre de 1816, con una columna de 1.000 hombres bajo las órdenes del Coronel Rafael López.

MacGregor dispuso sus fuerzas  e inició las descargas contra de un enemigo que no pudo maniobrar en medio del terreno de combate, resultando derrotados en las primeras refriegas del enfrentamiento.
Gracias al apoyo de la fuerza auxiliar conformada por guerreros indígenas se alcanzó la victoria que significó el despeje del camino patriota hacia Barcelona y una derrota inesperada para las fuerzas realistas.

Este episodio fue conocido como la Batalla de los Alacranes o del Alacrán, que resultó en 500 soldados muertos y unos 300 prisioneros.

Lo más transcendental de ésta acción fue que se logró alcanzar algo que los patriotas estaban necesitando con urgencia, es decir, gran cantidad de material de guerra, fusiles, municiones, un cañón con sus pertrechos y muchos caballos.

Los independentistas agradecieron el apoyo de los pobladores indígenas quienes a través de sus caciques recibieron aportes en alimentos, caballos y más enseres.

Gracias a esta victoria, los sobrevivientes del enemigo se dispersaran en todas direcciones.

Éste fue el primer paso para que el ejército patriota lograra la del territorio de Barcelona.

¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!

lunes, 11 de noviembre de 2019

Conversaciones sobre Páez


Opinión-.  Hace unos días estuve conversando con el buen amigo Pedro Pablo Acuña sobre la figura del General José Antonio Páez; en esa tertulia dialogamos sobre ciertas curiosidades en la historia de este gran personaje de nuestra historia.

Le comenté que de acuerdo con algunas lecturas existen varias tradiciones populares venezolanas que tienen un origen puntual en la vida pública de Páez, quien fue por años el hombre fuerte de la política venezolana.

Por ejemplo, en aquella década de 1830 Páez siendo Presidente de la República se levantó un día y dijo que en Nazareno de San Pablo, de gran veneración en la Caracas de entonces y de ahora, le había concedido un milagro… Aunque nadie supo qué clase de milagro le hizo el Cristo, ese año el General-Presidente acudió a la procesión de Semana Santa vestido de morado.

Acto seguido, el próximo año todos los políticos del país, sobre todo aquellos que le gusta jalar mecate en la sombra, se empezaron a vestir de nazareno, surgiendo así una tradición que aún persiste en nuestra sociedad moderna.

Otro detalle histórico es que la santa patrona del Ejército venezolano es la Virgen del Carmen, y esto también tiene su raíz en las creencias del General Páez, quien en vida era un ferviente devoto a la advocación mariana de El Carmen.

Se dice que cuando Páez agonizaba en su exilio en Nueva York, pidió que lo colocasen en el suelo para morir allí. ¿La razón? La creencia, en aquel entonces, entre los seguidores de la Virgen de El Carmen era que al fallecer la santísima Madre de Dios iba por ellos y tomaba sus almas para ascender con ellas, sin que pasase por el purgatorio.

Otra tercera curiosidad histórica, es aquel episodio cuando una conocida señora de sociedad de Caracas le respondiera a una insidiosa amiga que: “Mi esposo no me engaña, simplemente sigue el ejemplo de Bolívar con Manuelita y de Páez con Barbarita”, en alusión de las queridas de aquellos prohombres de la independencia de Venezuela.

Estas narraciones nos describen a la perfección el impacto de la figura de Páez en nuestra historia, nos confirman que él, a pesar de la grandeza de Bolívar y de la proyección internacional de Francisco de Miranda, fue el padre fundador de la venezolanidad.

Sí, el ser venezolano tienen una serie de principios y orígenes que datan de las culturas ancestrales, del impacto de los conquistadores españoles y de la presencia de los africanos; sin embargo, la segunda parte de la construcción de la venezolanidad tiene una relación significativa de lo que fue Páez para los primeros años de la república.

José Antonio Páez, a pesar de su gloria histórica y de haber muerto hace tantos años, en los últimas dos décadas ha librado otra batalla, la de la infamia. Sí, 200 años después de sus gestas, una tendencia política lo trajo a colación, lo satanizó y criminalizó, hasta tal punto que, como me decía el amigo Pedro Pablo, sigue aún vetado en algunas instancias públicas.

¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!

lunes, 4 de noviembre de 2019

Entrevista a la “Negra Matea”


José Dionisio Solórzano (@jdionisioss)

Opinión-.  La increíble longevidad de “La Negra Matea”, quien llegó hasta los 110 años de edad, permitió que sobreviviera hasta el punto de ser entrevistada por lo que pudiéramos llamar un periodista “moderno”.

La testigo de gran parte de los sucesos acaecidos durante la Guerra de Independencia fue entrevistada en 1883 por el periodista colombiano Manuel Briceño, quien pudo conocer de viva voz de la negra episodios importantes de nuestro pasado nacional.

A continuación  parte de la entrevista: Vestida de zaraza, limpia y bien aplanchada la ropa y con un pañuelo de hilo atado a la cabeza, llevando en la mano un grueso bastón así encontramos a Matea Bolívar, una de las domésticas de la Casa de los Bolívar, conocidos mantuanos de la Provincia de Venezuela.

Periodista Manuel Briceño (MB): ¿Cómo se llama usted?
Negra Matea (NM): Matea Bolívar,  del servicio de mi amo Bolívar.

MB: ¿En dónde nación usted?
NM: En el llano, en el pueblo de San José.

MB: ¿De cuántos años vino a Caracas?
NM: Como que eran cuatro años.

MB: ¿A dónde vino?
NM: A la casa de mis amos, en la Plaza San Jacinto, onde nació mi amo Bolívar.

MB: ¿Cómo era la casa?
NM: Era alta y se cayó cuando el terremoto.

MB: ¿Quiénes vivían en la casa?
NM: En la parte alta vivía mi amo Juan Vicente, y en la baja mi ama Concepción

MB: ¿En dónde nació Bolívar?
NM: En la alcoba de la sala.

MB: ¿Quién crió a Bolívar?
NM: Lo crió Hipólita, y yo lo alzaba y jugaba con él.

MB: ¿Usted estuvo en algún combate?
NM: Estuve en la pelea de San Mateo con el niño Ricaurte.

MB: ¿En dónde estaba usted en San Mateo?
NM: En el trapiche, cuando los españoles bajaban del cerro. El niño Ricaurte mandó salir la gente y fue a la cocina, y le pidió un tizón de candela a la niña Petrona y nos mandó a salir por el solar.

MB: ¿Usted vio lo que hizo Ricaurte?
NM: Subió al mirador donde estaba la polvorera.

MB: ¿A dónde se fueron ustedes?
NM: Cuando corríamos por el pueblo onde estaban peleando, estalló el trapiche y a nosotros nos metieron en una iglesia.

MB: ¿Qué dijo Bolívar?
NM: Yo no oí conversar a mi amo porque nosotros no nos metíamos en las conversaciones de los blancos.

MB: ¿Para qué le dio fuego Ricaurte a la pólvora?
NM: Pues para defenderse y defender a los demás.

MB: ¿Y usted, por qué es Bolívar?
NM: Porque mi padre y mi madre fueron Bolívar, y yo tengo el apellido de mi amo.

Esta entrevista es una joya histórica, su simpleza solo se compara con el significado por lo dicho por aquella mujer que cargó en brazos al Libertador y ayudó, junto a la negra Hipólita, a criar a quien más tarde se convertiría en el gran hombre de todo un continente.

Estas son las pequeñas cosas que hacen grande a la historia. Son las anécdotas, las circunstancias, las formas lo que enriquecen el pasado y nos ayudan a comprender el presente.

¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!



martes, 29 de octubre de 2019

Cronología del Cacao


José Dionisio Solórzano (@jdionisioss)

Opinión-.  La industria del cacao, con su siembra, cosecha y comercialización,  fue fundamental en el desarrollo económico, político y social de lo que hoy conocemos como Venezuela. Frente a ello, en esta semana quiero publicar una cronología del auge y de la caída de este producto en los tiempos de la colonia.

1534: Se elabora por primera vez el chocolate en España. El Cacao  y la receta para su preparación fueron enviadas a los monjes del Monasterio de Piedra por un fraile que estaba en Nueva España (México).

1544-1553: El comerciante florentino Galeotto Cey participa con los Welser en la exploración y conquista de los territorios situados al noroeste de Venezuela. En su diario registra la existencia y uso del árbol del cacao por los habitantes originarios.

1579: De Mérida y Trujillo se exportó cacao a Cartagena de Indias. Según Eduardo Arcila Farías, se trata de la referencia más antigua sobre el comercio y exportación del fruto en esas tierras.

1607: Se produce la primera exportación de este producto, en una cantidad mínima: 4 y ½ fanegas, de la provincia de Caracas por el puerto de La Guaira.

1611: El 11 de junio se informa al Rey sobre el descubrimiento de una montaña con más de 100.000 árboles de cacao en el lago de Maracaibo, tal como se conoce por dos reales cédulas que se encuentran en el Archivo General de Indias de Sevillas. Estos árboles se repartieron entre los vecinos de Mérida y de Maracaibo, quienes negociaron con los quiriquires la explotación de este descubrimiento a cambio de mercancías.

1622: Se registra la primera remesa con destino a Nueva España, que consistió en 60 fanegas. Desde este momento el comercio entre el Virreinato y la provincia se mantendrá e irá en aumento hasta finales del siglo XVIII, convirtiéndonos en provincia agroexportadora de importancia dependientes de este único fruto.

1638: La Corona España, a fin de estimular su comercio y cultivo, exoneró los derechos de almojarifazgo (impuesto por salida) siempre y cuando  los cargadores o embarcadores del fruto fueran habitantes de estos territorios.

1678: El 8 de mayo, por una Real Cédula, los comerciantes y cosecheros de la provincia de Venezuela quedan autorizados para fijar en el mercado  novohispano  el  precio de su cacao a conveniencia, sin la intervención de ninguna autoridad virreinal.

1695: El 13 de marzo, el rey Carlos II de España, mediante una Real Cédula, ordena  a los virreyes del Perú y Nueva España impedir la introducción en este último  Virreinato del Cacao de Guayaquil, por considerar que iba en contra de los intereses de los comerciantes caraqueños.

1709: El 4 de noviembre el Rey libra una Real Cédula dirigida al Virrey de Nueva España para insistir en la vigencia de la prohibición de comerciar el cacao guayaquileño en ese Virreinato, lo que hace suponer que las violaciones de esta disposición eran recurrentes.

1730: Se instala en Venezuela la Real Compañía Guipuzcoana; entre sus funciones estaba la de monopolizar el comercio cacaotero que debía dirigirse a España.

1734: La compañía Guipuzcoana  fija a los cosecheros y comerciantes criollos un límite de 21.000 fanegas  de cacao por conducir a Nueva España, disposición que fue considerada lasiva  ya que el resto  de la producción tenía que venderla necesariamente a la metrópoli a muy bajo precio.

1774: El 17 de enero se levanta la prohibición de introducir el fruto procedente de Guayaquil en el Virreinato de Nueva España. La ejecución de esta real Cédula hizo descender abruptamente el precio del cacao caraqueño en dicho mercado, que fue invadido por el cacao guayaquileño.

1781: Cesa en sus funciones la Real Compañía Guipuzcoana.

1793: El cacao representó el 64% de las exportaciones realizadas por La Guaira, mientras que el añil alcanzó un 30,1% lo que indica un cambio frente al esquema exclusivamente cacaotera de 1770.

1809: El cambio de la  estructura de las exportaciones experimentó un avance definitivo: el cacao generó el 43,3% del valor exportado por La Guaira y Puerto Cabello, el añil 24,6% y el café un 17,4%.

1811: Se produce el gran vuelco: el cacao es desplazado como principal producto de exportación. Este año el añil representó el 35,2% del valor de las exportaciones por La Guaira.

Sin embargo, creo que la producción del cacao venezolano, el mejor del mundo, tiene que retomarse, para que vuelva a ser referente comercial y de exportación de Venezuela.

El cacao debería tener más futuro que pasado.

¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!



miércoles, 23 de octubre de 2019

Los Lincheros


José Dionisio Solórzano

Opinión-.  A mediados de 1869 las calles de Caracas estaban inundadas por un panfleto con el título de la “Ley de Lynch”, en el cual se leía que “todo medio es aceptable… Decididamente seamos enérgicos y que impere la Ley del Terror”.

Así, con le venia del gobierno de entonces, nacieron “Los Lincheros” de Santa Rosalía, un grupo auspiciado por el Gobierno para intimidar, atacar y reducir a los opositores de la denominada Revolución Azul, la cual había arribado al poder en un convulsionado 1868 que permitió al octogenario general José Tadeo Monagas y sus tropas orientales, dirigidas por sus hijos, sobrinos y fieles, retomar el poder luego de 10 años de haber sido desalojado de éste.

Ondeando una bandera azul, diferenciándose del amarillo de los federalistas y del rojo de los conservadores, José Tadeo Monagas retomó el poder con el lema de “unión de los venezolanos y olvido de lo pasado”.

A pesar del triunfo de aquella Revolución que inició en el hato oriental de “El Roble”, José Tadeo Monagas  falleció a sus 83 años aquel 18 de noviembre, dejando al nuevo gobierno acéfalo. Tras su desaparición los simpatizantes del nuevo orden se dividieron entre Domingo Monagas y José Ruperto Monagas, sobrino e hijo respectivamente del General José Tadeo Monagas, prócer de la independencia.

Al final José Ruperto se quedó con el poder y dio libre acción a un grupo de simpatizantes que se reunían en Santa Rosalía, específicamente en el callejón Muchinga, desde donde planificaban sus acciones en contra de aquellos que se oponían al Monagato reconstituido en el poder.

José Ruperto Monagas ayudaba económicamente a los lincheros, quienes legalmente se llamaban Sociedad Patriótica Benéfica de Santa Rosalía, pero su verdadero propósito era el sembrar de terror a las calles de Caracas.

Cuando en septiembre de 1868 retornó de su exilio el General Antonio Guzmán Blanco, éste inició su campaña política para la toma del poder, lo que llevó a Monagas y a los lincheros a reaccionar. El jefe del movimiento denominado los “liberales puros” se constituyó como la nueva oposición a los azules y a su política de “centro político”.

La ojeriza entre unos y otros se fue extendiendo con el paso del tiempo, hasta que el 14 de agosto de 1869 cuando Guzmán Blanco preparó una gran fiesta en Caracas para medir sus simpatías entre la alta sociedad caraqueña.

Desde la prensa oficial, puntualmente el Federalista, el editor Ricardo Becerra, atacó el evento y además de los epítetos de “ladrón” y “estafador”, con los cuales se atacaban a Guzmán Blanco, ahora se le llamaba “insensato”.

Guzmán Blanco no temió a las amenazas ni hizo caso a los consejos que suspendiera la velada. El día pautado se presentaron los invitados y los alrededores de la casa del líder liberal se colmaron de simpatizantes de los Monagas, ya para los 12 de la noche la muchedumbre atacó tomando el zaguán de la casa y lanzando piedras.

Varios de los hombres presentes, entre ellos un joven llamado Raimundo Andueza Palacios, posteriormente presidente de Venezuela, tuvieron que hacerle frente a los revoltosos, hasta la llegada del General  Martín Vega para entonces  comandante de armas de Caracas.

De acuerdo con el historiador Francisco González Guinán, el General Vega calmó a los lincheros diciéndole apaciblemente: “Muchachos, ya está bueno, vámonos a la Plaza Bolívar”.

Así nacieron los linchamientos en Venezuela y los grupos parapoliciales al servicio del gobernante de turno.

 ¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!




lunes, 14 de octubre de 2019

Fusilamiento de Piar


José Dionisio Solórzano (@jdionisioss)

Opinión-.  El pelotón de fusilamiento tomó posición. Con la cabeza erguida, la dignidad intacta y el coraje en la cúspide salió del calabozo el condenado a muerte; su paso era marcial y decidido, al estar frente del escuadrón que iba a ejecutar la orden de “fuego”, como por un gesto de última bravura y, como retando a quien dio la orden de su enjuiciamiento, se negó a colocarse la venda en los ojos.

Y justo cuando se escuchó la metralla de los fusiles, y cuando se palpaba el olor de la pólvora en el aire, se escuchó su voz firme y gigante diciendo: ¡Viva la Patria!

De esta forma, el Generalísimo invicto, “libertador de Guayana”, Manuel Carlos María Piar Gómez, fallecería al ser condenado por traición y sedición. Con su muerte, las facciones que rivalizaban por la jefatura política y militar de la Guerra de Independiente cesarían y el General Simón Bolívar se consolidaría como jefe supremo de la lucha por la libertad.

Y, ¿cuál fue la acusación contra Piar? Aquel 16 de octubre de 1817 había sido el punto final de un proceso de rivalidad y lucha interna por el control del movimiento por la Independencia. Recordemos que en mayo de ese mismo año se había  reunido en Cariaco un Congreso integrado por jefes republicanos disidentes a Bolívar, desde donde el General Santiago Mariño desconoció el liderazgo de aquél.

Piar participó en aquel congreso,  además el general  nacido en  Williemstad, en Curazao venía de haber protagonizado una campaña abrumadora de victorias; con las batidas en Barcelona, Carúpano, El Juncal, Valle de la Pascua, Paso del Caura, Puga y finalmente sellado la liberación de Guayana con la Batalla de San Felix.

Tenía bajo sitio a Angostura y a Guayana La Vieja, cuando tuvo que entregarle el mando de sus fuerzas a Simón Bolívar, cosa que hizo a regañadientes. A parte el Libertador, al asumir el control de las fuerzas patriotas, renegó a puestos sin importancia a Piar, hiriéndole aún más el ego.

Manuel Piar decide abandonar el ejército, no obstante según las denuncias que llegan hasta Bolívar, vía el General José Francisco Bermúdez, se conoció que había presuntamente empezado a intrigar para deponer al Libertador del mandato de las fuerzas republicanas.

Bolívar, con sus oídos llenos de acusaciones e intrigas de terceros, ordenó a Manuel Cedeño que capturase a Piar en Aragua de Maturín, y giró instrucciones al General Carlos Soublette para que instruyera el proceso por “crímenes de insubordinado” contra del héroe de El Juncal, y designó al también nativo de Curazao, el Almirante Luis Brión, como presidiera el Consejo de Guerra.

Ahora bien, para algunos historiadores, una de las molestias, exteriorizadas públicamente por el General Piar, se centraba en la posición de estar recibiendo órdenes de Bolívar, a quien  consideraba un citadino blanco de Caracas, que no representaba realmente los intereses populares; esta versión se desprende de la supuesta condición de mulato de Piar.

En esta misma línea de ideas está la tesis de la “Guerra de Colores”, la cual estimaba una revolución de pardos (mestizos) en contra del control político de los blancos criollos. Tal vez, estas ideas surgieron en Manuel Piar durante su estadía por Haití y, por haber analizado la lucha de los negros haitianos en contra del dominio francés.

Ya hubiese sido por ansias de poder, por celos políticos y/o militares, o  por la simple incompatibilidad entre Piar y Bolívar, el fusilamiento del primero fortaleció al segundo. Es menester indicar que luego de la muerte del libertador de Guayana, los azuzadores de divisiones como el General Mariño, el General Bermúdez y General José Antonio Páez se sometieron a la fuerza de Simón Bolívar.

 ¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!

martes, 8 de octubre de 2019

¿Una iglesia venezolana?


Opinión-.  Al mejor estilo de Enrique VIII, durante el período denominado El Trienio Adeco, y en medio de una puja entre la Junta Revolucionaria de Gobierno, encabezada por Rómulo Betancourt, y la Iglesia Católica, se constituyó la Iglesia Católica Apostólica y Venezolana (ICAV).

Todo empezó con el decreto 321, donde el Ejecutivo venezolano ponía en desventaja a la educación privada frente a la pública, perjudicando así a un número importante de unidades educativas que estaban bajo la administración de la Iglesia Católica.

En medio de la conflictividad, en un editorial de diciembre de 1947 de  la Revista Sic, se leía un editorial que decía: “son ateos los que no creen en Dios; aunque en medio de la propaganda electoral entran al templo a besar las imágenes de los Santos. Son totalitarios los que atribuyen al Estado los derechos que corresponde al individuo, a la familia y a la Iglesia… Son socialistas y perseguidores de la Iglesia, según expresión del Episcopado venezolano en su carta pastoral del 30 de septiembre, los que en la Asamblea Constituyente defendieron el decreto 321 y el artículo 55 de la Constitución”.

Desde el Gobierno, a través del impulso del Maestro Luis Beltrán Pietro Figueroa, se siguió adelante con el plan de despojar de beneficios académicos a las instituciones privadas y desmejorarlas frente a las públicas; a tal punto que un alumno con 20 puntos en una institución privada equivaldría a 15 puntos en la pública.

En medio de este enfrentamiento, desde el seno del Poder Político se acordó promover un cisma dentro de la misma Iglesia alentando, promoviendo y auspiciando, e incluso financiando, una Iglesia separada la cual se denominaría Iglesia Católica, Apostólica y Venezolana (ICAV), quien estaría a cargo de Luis Fernando Castillo Méndez, un sacerdote ordenado clandestina e írritamente por un obispo español, consagrado por un obispo cismático brasileño.

A la ICAV se agregaron unos pocos sacerdotes y feligreses, quienes ya habían manifestado su recelo en contra de la jerarquía de la Iglesia Católica en Venezuela, sobre todo en la forma como se conducían los obispos venezolanos.

Sin embargo, a pesar de la enorme cantidad de dinero invertido en el proyecto los objetivos no fueron alcanzados; la Iglesia Católica Apostólica y Venezolana no sobrevivió a la caída del gobierno de Don Rómulo Gallegos. E incluso esta polémica podría explicar el júbilo manifestado por los obispos venezolanos al conocerse el derrumbamiento del ensayo democrático de 1945 a 1948.

Con frases como “La noche quedó atrás” y la “Noche blanca”, los sacerdotes ponderaban el período del Trienio Adeco y a lucha que los revolucionarios de octubre y los sacerdotes protagonizaron por el derecho a la educación libre de los venezolanos.

Este es un pasaje de nuestra historia patria y de la historia de la Iglesia Católica en Venezuela, que nos es suficientemente conocido y estudiado.

¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!






martes, 1 de octubre de 2019

Toma de Puerto Cabello


José Dionisio Solórzano (@jdionisioss)

Opinión-.  El Castillo de Puerto Cabello fue la última plaza fuerte en manos de los realistas en territorio venezolano; desde 1812 hasta 1823 estas instalaciones militares, la más importante de Venezuela, fue centro de operaciones de aquellos que defendían los derechos de la corona española sobre territorio venezolano.

En 1812, luego de un movimiento sedicioso, la plaza cayó en manos realistas, y provocó la caída de la Primera República y la famosa expresión del Teniente General Francisco de Miranda: “la república quedó herida en el corazón”.

Todos los intentos por recuperar Puerto Cabello fueron estériles, hasta aquel mes de noviembre de 1823, cuando el General José Antonio Páez sitió la plaza.

Durante el sitio, las tropas patriotas hallaron en la playa de Borburata, cerca del castillo, unas pisadas humanas que se originaban desde un manglar próximo. Páez ordenó una investigación y a corto tiempo ya tenía prisionero a un esclavo de un oficial realista, quien confesó que todas las noches salía del castillo, por orden de su amo, a buscar provisiones en el pueblo y monitorear las posiciones realistas, y para ello atravesaba el manglar y aprovechaba un vado existente en el camino.

Con la información confirmada, de un acceso al castillo por el manglar; el General  José Antonio Páez ideó un plan de ataque.

El 7 de noviembre de 1823 Páez ordenó, desde muy temprano en la mañana, hacer preparativos en la artillería, como una maniobra de distracción y engaño. Mientras tanto dispuso que dos compañías de infantería y 50 lanceros, al mando del teniente coronel Francisco Farfán, tomasen los baluartes Princesa y Príncipe.

Otra compañía de infantería y 25 lanceros debían ocupar el muelle, según el plan de Páez, mientras otros dos más debían tomar las baterías El Corito y Constitución. Además, el teniente coronel brasileño José Abreu e Lima con 15 soldados tenía la encomienda de ocupar la puerta de la Estacada. Y, la reserva quedaría constituida por una compañía de cazadores.

Así todo dispuesto, a las 10 de la noche inició la operación. El movimiento por el manglar tardó 4 horas, pero el asalto se ejecutó a la perfección; ya a las 2 de la mañana del día 8 de noviembre la plaza estaba tomada, a pesar de los desesperados y audaces esfuerzos del brigadier realista Sebastián de la Calzada. 

Los patriotas hicieron presos a 56 oficiales, 539 efectivos de tropas, unos 620 fusiles y 3.500 quintales de pólvora. Hubo, en el bando realista, 156 muertos y 56 heridos, mientras que en las tropas de Páez solo fallecieron 10 personas y hubo 35 heridos.

Con esta acción militar, terminó definitivamente la presencia militar realista en Venezuela, al perder su último bastión en el territorio.

Y así se escribió, con ingenio y con estrategia, las últimas líneas de la Guerra de Independencia.

¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!

martes, 24 de septiembre de 2019

Las Queseras del Medio


Por José Dionisio Solórzano

Opinión-.   Frente a frente, las fuerzas del General realista Don Pablo Morillo y las del Libertador Simón Bolívar. Dos ejércitos formidables y separados por el río Arauca, pero que en aquella oportunidad no se midieron en el campo de batalla, gracias a la genta de las Queseras del Medio protagonizada por el General José Antonio Páez.

El día 27 de marzo de 1819, después de la acción de trapiche de Gamarra, el Libertador se trasladó al margen opuesta del río Arauca, y levantó su campamento en el área conocida como Potreritos Marrereños, mientras que Morillo hizo lo propio y se ubicó en la Mata de Herradero a corta distancia del margen izquierda del río, donde se encontraban los patriotas.

Gracias a las políticas de espionaje (tema de otro artículo) el General José Antonio Páez supo del plan diseñado por Morilla que buscaba capturarle. Con conocimiento de las ideas de los realistas, Páez le propuso a Simón Bolívar otro plan que buscaba sorprender y neutralizar a los realistas.

Con la venia del Libertador, Páez tomó a 153 de sus mejores lanceros y cruzó el río. Avanzó hacia la posición de Morillo, algunos historiadores afirman que Páez ordenó a sus soldados amarrar de las colas de sus caballos palma para que levantarán una gran polvareda para que ésta simulara un número mayor de soldados entre sus filas.

Morillo al percatarse del avance de la pequeña fuerza patriota destacó en su contra a un escuadrón de carabineros, integrada por unos 200 hombres, comandado por el coronel Narciso López, para que le hicieron frente a los soldados dirigidos por Páez.

El centauro de los llanos ordenó al teniente coronel Juan José Rondón que cargase a viva lanza contra el enemigo, pero que se retirase lo más rápido posible para evitar se envuelto. Y así lo hizo.

Narciso López al ver a los patriotas en retirada ordenó a sus carabineros echar pie en tierra, un procedimiento habitual de esta fuerza, para arremeter en contra de los patriotas. Cuando esto ocurrió Paéz volvió caras, y se dice que gritó “Vuelvan cara…s” y acometió sobre el enemigo que se encontraba ahora en una posición desventajosa.

López sorprendido se batió en retirada, bajo un tremendo desorden. Este movimiento desorganizó a las otras líneas realistas a tal punto que los carabineros estuvieron a punto de arrollar a su propia infantería.  De esta forma Morillo perdió la batalla de las Queseras del Medio con un saldo sangriento para sus fuerzas, mientras que Páez solo sufrió la baja de tres de sus valerosos lanceros. Los 150 soldados sobrevivientes fueron premiados y ensalzados  por el mismo Libertador quien habló de los “Bravos de Apure” y quien les otorgó a cada uno la Orden de los Libertadores.

En cambio, Morillo nuevamente aprendería de la peor forma que los supuestos “vándalos” a quien debía perseguir y reducir, no eran tan cobardes ni tan torpes como se creía en el Península ibérica.

¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!






martes, 17 de septiembre de 2019

Batalla de Mucuritas


Por José Dionisio Solórzano

Opinión-.   Había iniciado el año 1817, el Teniente General Don Pablo Morillo había ingresado en territorio venezolano luego de sojuzgar a los independentistas en la Nueva Granada (actual Colombia); venía decidido a repetir la hazaña en la Provincia de Venezuela y someter a lo que llamaban “los bandidos” que seguían a Simón Bolívar.

Entró con un formidable ejército, el mismo que había sometido a los neogranadinos. Una de sus divisiones estaba al mando del Coronel Miguel De la Torre y Pando, el día 27 de enero éste había acampado con 1.800 hombres en el Hato El Frío, y el día 28 de enero se enfrentaría a los lanceros comandados por el General José Antonio Páez.

Ese 28 De la Torre llegaría a la sabana de Mucuritas, allí dispuso a sus 1.000 infantes y sus 800 caballos. Frente a él, Páez arribó con 1.100 jinetes, los cuáles dividió en tres líneas: la primera a cargo de Ramón Nonato Pérez, la segunda guiada por Doroteo Hurtado y Rafael Rosales y la tercera bajo la dirección de Cruz Carillo.

Los realistas dispusieron sus unidades de la siguiente forma: Una columna de cazadores en posición de batalla de a cuatro en fondo, el tercer batallón de Numancia, en columna cerrada, se posicionó en la retaguardia de aquél y el otro en la retaguardia como reserva.

Además, De la Torre colocó dos escuadrones de húsares a la izquierda del campo de batalla, y otro en su retaguardia como reserva.

Con este planteamiento de batalla, el coronel ibérico avanzó y abrió fuego en contra de los patriotas. En respuesta, José Antonio Páez ordenó a la primera línea, a cargo de Ramón Nonato Pérez, cargar con vigor contra el enemigo, sin embargo tenía la orden que a media distancia se dividieran a derecha e izquierda para atacar el flanco de caballería que formaba las alas de infantería enemiga.

Páez había ordenado a sus hombres que al ser rechazados por los españoles efectuasen un repliegue en aparente derrota, y que volviesen caras cuando notasen que la segunda línea patriotas, bajo la conducción de Doroteo Hurtado y Rafael Rosales, entrara en batalla contra la retaguardia de la caballería enemiga, la cual se encontraba en ese momento en plena persecución de la primera línea patriótica.

La maniobra pensada por Páez se llevó adelante a la perfección, lo que dejó a De la Torre sin caballería y con 200 húsares de bajas, el español tenía unas fuerzas diezmadas e incomunicadas de lo que restaba de infantería.

Y para completar la estrategia, Páez había dispuesto que 50 de sus soldados, dieran fuego a la sabana, la cual rápidamente se extendió dejando a la infantería realista envuelta en llamas.

Solo la pericia del comandante español y sus nervios de acero lograron evitar que la derrota fuera aún más espantosa. De la Torre ordenó a sus soldados de a pie a que se apoyaran en una cañada cercana para impedir que murieran abrazados.

Los españoles marcharon en franca retirada hacia el paso de El Frío, hasta donde los persiguió las huestes de Páez, solo la protección de un bosque cercano le dio el abrigo final a los hombres de De la Torre.

De esta forma, luego de una táctica de engaño exitosa y de maniobras efectivas, aparte de 14 cargas de caballería, José Antonio Páez les propinaría a los vencedores de Nueva Granada una de sus primeras derrotas en suelo venezolano.

¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!






miércoles, 11 de septiembre de 2019

¿Cómo empezaron los Hospitales en Venezuela?


José Dionisio Solórzano (@jdionisioss)

Opinión-.   ¿Qué eran los hospitales en los tiempos de la Colonia? Para responder esta pregunta vamos rápidamente a consultar el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española, que en su cuarto tomo de 1734, define que los hospitales son: “La casa donde se reciben a los pobres enfermos, pasajeros y peregrinos, y se cura de las enfermedades que padecen, asistiéndolos a expensas de las rentas que tiene el hospital, o de las limosnas que recogen”.

Los Hospitales en aquellos días de los siglos XVI y XVII, eran especie de refugios que sustituían al hogar, y donde personas sin familia iban a ser curados de los diversos males que padecían; eran albergues para la sanación donde la Iglesia Católica tuvo un papel muy importante.

A pesar de la ausencia de documentación, podemos recoger la existencia de centros hospitalarios en varios puntos del país; para mediados del siglo XVI en la Provincia de Venezuela por lo menos existía dos hospitales, uno en Cubagua y otro en Coro.

De acuerdo con la información que se conoce el establecimiento de hospitales fue creciendo de la siguiente forma: 1565 en Barquisimeto, 1602 en Caracas, 1625 en El Tocuyo y 1681 en Carora. No obstante, la mayoría de estos centros prestaban un servicio sumamente precario, debido a que cada uno solamente poseía una media docena de camas en instalaciones alquiladas a expensas de las rentas de la Iglesia.

La Iglesia Católica sostuvo la construcción y mantenimiento operativo de los hospitales, a lo largo de décadas, a través de dos canales: La entrega de recursos mediante el uso de los dividendos de sus rentas, o mediante la solicitud de limosnas o diezmos a la feligresía.

El obispo Mariano Martín durante su visita pastoral a la Diócesis de Caracas, entre 1781 y 1784, hizo una exhaustiva prédica y exhorto a los católicos a mostrar caridad en torno a los Hospitales, a sabiendas del estado paupérrimo de la mayoría de los centros de salud de la época.

De las once instalaciones hospitalarias existentes en la época del recorrido del mencionado Obispo,  sólo en dos había médicos tratantes,  y se debía costear sus gastos a expensas de la caridad pública.
“…no hay médico destinado a este hospital por no haberlo en la ciudad, y sólo por algún sujeto curioso se hacen algunas aplicaciones”, escribía el obispo Martí en alusión de otros centros de salud.

Para 1780 existían hospitales en Coro, Maracaibo, Caracas, Carora, El Tocuyo, Barquisimeto, Trujillo, San Sebastián, San Felipe, La Guaira y Valencia y todos eran atendidos por religiosos, por tal motivo la atención de las necesidades espirituales se realizaban a la par de las médicas. Es decir, el alma era tan importante como el cuerpo.

El mayor hospital de todos fue el Señor San Pablo de Caracas, también llamado Hospital Real, que fue fundado en 1602 y que dependió de la Iglesia desde esta fecha hasta 1742, año en que fue pasado al Patronato Real por la Real Célula.

Para 1768 el Hospital de San Pablo, que estaba justo detrás de la Iglesia de San Pablo Eremita, ya contaba con 45 camas para atender a pacientes de sexo masculino, ya que las mujeres eran sanadas  en el Hospital de La Caridad fundado en 1691.

La historia de los hospitales y de la salud pública en Venezuela no se puede escribir sin mencionar el papel de religiosos, monjas, sacerdotes y obispos, que veían en la curación de los enfermos una obra pía que se debía cumplir a como diera lugar.  

¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!






miércoles, 4 de septiembre de 2019

Emperador Claudio


Por José Dionisio Solórzano

Opinión-.   En la historia encontramos más de un caso de personas que surgieron de la nada para terminar ocupando los más altos puestos públicos de sus tiempos; no obstante en esta ocasión permítanme hablar de un caso que juzgo entre los mejores ejemplos de superación social y poder político.

Empecemos en los días del Imperio Romano: Claudio era el actor político, tal vez el más despreciado y subestimado de aquellos días. Tío de Calígula, un emperador con muchos más vicios que virtudes, a tal punto que se dice que Calígula se acostaba con la esposa de Claudio por el simple placer de humillarle.

No era un gran estadista, no era un hombre de letras, tampoco un militar de grandes éxitos, no. Claudio era un político regordete, cojo y tartamudo, ganado más a beber y a comer que a cualquiera otra actividad. Siempre estuvo bajo las sombras, oculto, siendo el hazmerreír de muchos.

No obstante, su día llegó. Calígula fue asesinado, su sangre bañó las calles de la vieja Roma, y los asesinos, aquella Guardia Pretoriana que había jurado cuidar al emperador, entraron al Palacio con la aparente intención de liquidar a todos los familiares sobrevivientes del déspota caído.

Cuenta la leyenda que Claudio se escondió arrodillado, y lleno de temor, detrás de unas cortinas, y lanzó un pequeño grito cuando se vio descubierto por los soldados.

Mayor su sorpresa cuando los militares se dieron un golpe en el pecho y alzando extendida su mano derecha (el saludo romano) dijeron al unísono “Salve emperador Claudio”. Así, este pequeño político se transformó en el hombre más poderoso del mundo.

Desde aquel 24 de enero del año 41 hasta su muerte en el año 54, Claudio ejerció el poder de la potencia económica y militar más grande del mundo. Su gobierno lo constituyó la modernización de Roma, son famosos sus sistemas de acueductos (Aqua Claudia y  Anio Novus), además de su invasión a Bretaña (Inglaterra), su gobierno fue una total mejoría en comparación a su antecesor y sucesor.

Claudio, oriundo en Lugdunum en la Galia, el primer emperador romano nacido fuera de la península itálica, fue un buen emperador y un alivio entre las atrocidades cometidas por Calígula y por Nerón; él es uno de esos hombres que cuando se les presenta una oportunidad la aprovechan al máximo, así lo hizo él, nunca estuvo en sus planes ser Emperador, aunque no dudó en tomar el poder para sí y lo ejerció lo mejor que le permitieron las circunstancias.

Tal vez, en este caso, el hecho de no ser un hombre apreciado por sus coterráneos y contemporáneos, el hecho de no ser un preferido por el statu quo ni por el pueblo, lo obligó a ser un gobernante consciente de sus capacidades, de sus límites y de las formas para hacer el mejor de los gobiernos posibles. 

Así Claudio, un político insignificante, se convirtió en Emperador.

¡Vive la historia, vive el desafío de aprender!